Amada Díaz, el otro rostro de «El baile de los 41».

Este fin de semana se estrena «El baile de los 41«, película que cuenta la historia de la famosa redada policiaca que emprendió el gobierno de Porfirio Díaz a un grupo de hombres gays que realizaban un baile.

Se dice que en realidad fueron 42 los arrestados, pero el hombre que faltó en los registros era el yerno de Díaz, Ignacio de la Torre y Mier, sobre cuya sexualidad ya corrían rumores. En su momento fue un gran escándalo del que todos los periódicos hablaron e incluso José Guadalupe Posada se encargó de inmortalizarlo en una caricatura titulada Los 41 maricones.

Pero hay otra involucrada en esa historia y que en la película es interpretada por la actriz Mabel Cadena: Amada Díaz, la hija predilecta de Díaz y esposa de Ignacio.

La hija predilecta

No hay consenso sobre la identidad de la madre de Adela, aunque la versión más extendida es que fue una joven llamada Rafaela Quiñones. Cuando tenía 12 años fue llevada a vivir con su padre bajo el cuidado de Delfina Ortega, esposa de Díaz y quien la trató como una más de sus hijos. Al poco tiempo Delfina muere y Díaz se casa con Carmen Romero. Hay que aclarar que Amada tenía 14 años cuando eso ocurre y Carmen tenía 17 años, apenas tres años de diferencia entre ambos y eso en lugar de ser un conflicto resultó en una amistad que vivió con el transcurso de los años y las circunstancias.

Amada era una joven de rasgos indígenas, lo cual era motivo de burlas por parte de los ricos que a la vez deseaban congraciarse con ella por ser la hija favorita del dictador.

Y llega Ignacio

La joven sostuvo una relación amorosa con Fernando González, hijo del expresidente Manuel González, compadre de Díaz y un tipejo que hizo pasar por un infierno a su esposa Laura Mantecón por atreverse a pedirle el divorcio luego de años de maltratos y humillaciones.

En 1887 conoce a Ignacio de la Torre y Mier, uno de los solteros más codiciados de la alta sociedad y se casaron apenas un año después. Claro que no todo fue miel sobre hojuelas y las continuas infidelidades de Ignacio y sus preferencias sexuales, que eran comidilla de la época, provocaron una separación física que nunca se oficializó. Claro que después de los sucesos del bailes de los 41, Díaz se encargó de congelar a su yerno, que buscaba la gubernatura de Morelos, y prácticamente terminó su carrera política.

Ambos permanecieron en México tras el exilio de Días y el morelense fue más allá al participar activamente en la conspiración contra Madero que se saldó con la Decena trágica.

Precisamente esa participación provoca que sea encarcelado en Lecumberri y Amada se comporta según su papel de esposa de la época y asiste regularmente a las visitas hasta que Zapata lo saca de la cárcel y se lo lleva como prisionero, así que sigue al «Caudillo del sur» por muchos lugares para tratar de pedir su liberación.

Como nunca hubo un divorcio entre ellos, Amada tuvo que hacerse cargo de las deudas que le adjudicaron a Ignacio por su participación en el golpe de estado de Huerta y se hizo cargo de su cuidado en NY cuando logra su liberación.

Tras la muerte de su esposo y el exilio de parte de su familia, Amada vivió holgadamente en Ciudad de México acompañada de su hermana Luz y ayudando con el cuidado de sus sobrinos, además de volver una ferviente devota.